CINE. Yo, Daniel Blake
ANA ÁLVAREZ , 26 de febrero de 2025
La trama es simple pero contundente: un hombre con una enfermedad cardíaca crónica se ve imposibilitado de acceder a una pensión por incapacidad debido a fallos sistemáticos dentro de la burocracia británica, tanto en el ámbito de la salud como en el de las pensiones.
La denuncia dentro de la película se manifiesta tanto en la forma como en el fondo. En la forma, Ken Loach (Nuneaton, Reino Unido, 17 de junio de 1936) muestra un sistema gestionado por una empresa externa que contrata teleoperadores incapaces de sensibilizarse con los trabajadores. Aquí surge una ambigüedad interesante: el guion sugiere que algunos de estos teleoperadores son inmigrantes y, por lo tanto, no conocen los usos y costumbres de los nativos. Sin embargo, cuando Daniel asiste a una cita con su tradicional trabajadora social, se da cuenta de que el problema no radica en las personas, sino en el propio sistema de bienestar británico, que ha sido diseñado de manera indiferente hacia los más vulnerables.
A medida que avanza la trama, queda claro que el sistema en Newcastle impide que Daniel (un carpintero enfermo del corazón, interpretado por Dave Johns) ejerza su derecho a la pensión por enfermedad. La película expone cómo la falta de conocimiento sobre los procesos legales para la reclamación, la imposición de sistemas electrónicos inaccesibles para las personas mayores y la ausencia de herramientas de intervención adecuadas en los hogares dificultan el acceso a los derechos básicos. A esto se suma la burocracia interna, en la que los protocolos rígidos entre jefes y subordinados reprimen cualquier acto de audacia o acercamiento real hacia quienes más lo necesitan.
En el proceso Daniel conoce a Katie (Hayley Squires, Londres, Reino Unido, 1988), una joven madre soltera de dos pequeños, quien se vio forzada a mudarse de ciudad a más de 400 km de su origen y donde vive su madre, para que el mismo sistema no la obligue a vivir en una residencia de acogida y le quiten la custodia de sus hijos.
Yo, Daniel Blake es una denuncia contundente que expone las fallas de una sociedad liberalizada, mal informada y atrapada en un laberinto burocrático. Refleja un mundo donde nadie parece comprender cómo se ejecutan sus impuestos y donde los ciudadanos más vulnerables son tratados de manera deshumanizada y disuasoria.
El cine de Ken Loach ha mostrado, a lo largo de su trayectoria, una sociedad en la que el individuo es el pilar del humanismo y la conciliación, donde la resiliencia y el trabajo colectivo son esenciales para que la sociedad funcione. Sus películas resaltan la dignidad humana, el valor del trabajo físico e intelectual y la cooperación como respuesta a la pobreza y a la exclusión social impuesta por el Estado.
Su método de trabajo es limpio y preciso. Prefiere actores poco conocidos con diversas características físicas y técnicas actorales, cuya naturalidad le permite captar reacciones genuinas. Además, filma en orden cronológico para que los actores experimenten la historia como si fuera real. Sus localizaciones son auténticas: barrios obreros, oficinas gubernamentales reales y espacios cotidianos que refuerzan el realismo de sus relatos. Por último, su estilo visual es sobrio y sin artificios. Evita movimientos de cámara llamativos y prescinde de filtros innecesarios para transmitir una sensación de naturalidad al espectador.
Yo, Daniel Blake fue premiada con la Palma de Oro en Cannes y el Premio del Público en San Sebastián y Locarno en 2016. Disponible en Amazon Prime y Filmin.
ANA ÁLVAREZ